Frase de la semana

"El sistema capitalista no precisa de individuos cultivados, sólo de hombres formados en un terreno ultraespecífico que se ciñan al esquema productivo sin cuestionarlo". Karl Marx. Miseria de la filosofía.



miércoles, junio 29, 2011

Juárez: Tiendas cerradas, ollas vacías



CIUDAD JUÁREZ, Chih. (Proceso).- Las casas de la colonia Mariano Escobedo están habitadas, pero las tiendas de abarrotes, estéticas, panaderías, ferreterías o farmacias se encuentran en quiebra. Toda persona que desee comprar leche o una bolsa de pan tiene que salir de esta zona hasta hallar una tienda de autoservicio o un centro comercial.
La pulverización de la economía barrial por causa de los robos, las extorsiones y el desempleo no son exclusivos de esta colonia ni del deprimido sector poniente de la ciudad. En esta frontera, en dos años 5 mil 900 tiendas de barrio –de un total de 7 mil– se vieron forzadas a cerrar.
Ese es uno de los saldos de la violencia que azota a la ciudad desde 2008, y no es cosa menor: los cierres de las tiendas de abarrotes golpean directamente la nutrición de niños y ancianos. Ellos son las primeras víctimas, aunque en los barrios populares todos padecen sus efectos.
“Toda la semana los niños pedían fiado en la tiendita de la esquina y el tendero anotaba sus deudas. Los viernes que las mamás recibían el cheque de las maquilas pasaban a pagar. Pero ahora las tiendas están cerradas y los niños y las mamás no tienen ese soporte, la están pasando mal”, advierte Catalina Castillo, directora de la Organización Popular Independiente.
Los reportes de la Mesa de la Infancia, que aglutina a organizaciones con trabajo de base en toda la ciudad, arrojan el mismo diagnóstico: Los lunes llegan los infantes hambrientos a las guarderías porque no comieron en casa el fin de semana; niños de primaria se desmayan en el salón, o en la tarde, solos, no pueden calmar el hambre; comedores populares de grupos religiosos no se dan abasto; familias comen una vez al día o echan mano de alimentos de animales para engañar la tripa.
“En las escuelas públicas, maestros y maestras dan cuenta de que llegan pequeños con hambre, situación que hace 10 años no se daba. Ahora están viendo que a los niños les sale sangre, manchas blancas en la piel, se desvanecen en los honores a la bandera, más cuando la temperatura es alta”, señala José Luis Flores, exdirector ejecutivo del Consejo Ciudadano por el Desarrollo Social.
Otros damnificados son los adultos mayores. “Los viejitos, con las tiendas cerradas, no tienen la posibilidad de antes de que alguien les lleve lo básico. Muchas veces sus hijos se fueron a vivir a El Paso (Texas), y ya no vienen ni siquiera en Navidad. Para ellos ha sido terrible”, manifiesta Lourdes Almada, socióloga integrante de la Mesa de la Infancia y responsable del programa Hazlo por Juárez.
Es difícil imaginar que exista hambre en esta próspera ciudad norteña que antes del cataclismo de la violencia era la quinta más importante del país. Era la capital nacional del empleo que desde los años 70 atraía a migrantes de todo el país y los alimentaba. Era la ciudad de la fiesta permanente, preferida por estadunidenses, donde casi nadie dormía: negocios y maquiladoras estaban abiertos las 24 horas.
Pero la guerra, estacionada desde 2008 en esta frontera, pulverizó la economía de barrio. Ahora el círculo vicioso inseguridad-desempleo-hambre-inseguridad hace mella.
“Estamos en una pobreza nunca vista en la ciudad”, diagnostica Flores, quien fue pionero en las cuestiones sociales de la ciudad.
Aunque van a la baja los asesinatos que ubican a Juárez como “la ciudad más violenta del mundo”, actualmente hay más robos, secuestros y extorsiones, según líderes sociales.
“La extorsión al menudeo está más acentuada en las colonias populares: chavitos jóvenes, de 14 o 15 años, están pidiendo cuota a las viviendas, de 20 a 30 pesos por semana. Lo detectamos en las colonias 16 de Septiembre, 1 de Septiembre, Guadalajara Izquierdo, La Fronteriza. Algunos que ni siquiera tenían tienda pero vendían pan o leche lo dejaron de hacer por miedo a ‘la cuota’, para no tener problemas. Por eso quebró la economía de barrio”, dice la arquitecta Abigail García, coordinadora de Planes y Programas del Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP).
Esta mujer, que tiene el pulso de la ciudad, informa que entre 2008 y 2010 se perdieron 80 mil empleos, y que ese desempleo y la inseguridad dieron un nuevo rostro a la ciudad. Los encuestadores a su cargo han detectado que la gente come una vez al día, y por reportes de la prensa sabe que algunos se alimentan con comida para animales.
“En trabajo de campo hemos percibido que la población tiene menos dinero para comer, están restringiendo comida y los niños están dejando de ir a la escuela por el gasto que implica”, señala a Proceso.
La joven psicóloga social Tania Reyes, quien dirige uno de los equipos de encuestadores, se dice sorprendida porque desde 2008 ha notado el deterioro de la ciudad y recientemente ha encontrado gente hurgando en la basura.
“Más personas se dedican a juntar fierro o cualquier metal porque ya tienen un año desempleadas. En unos lugares hemos visto quema de cobre. En algunas colonias ves basura y gente ‘colgada’ de la luz y robando el agua, ves a los niños pepenando juguetes. Pensé que eso sólo era en las películas. Hemos observado que ponen su olla de frijoles sobre leña para no gastar gas o que no han comido en todo el día, y los niños y adultos mayores se ven flaquitos. Si mucho, comen una tortilla, a veces”, dice.
Reyes lamenta que programas de becas y subsidios no alcanzan para todos, y algunos, como Oportunidades, generalmente excluyen a quienes tienen un carro o una lavadora, que son utensilios comunes y baratos en una ciudad fronteriza.
Como en toda guerra, en esta también hay negocios beneficiados: las cadenas comerciales y tiendas de conveniencia.
“Las tiendas que se están llevando las ganancias son los monopolios: Smart, Soriana, Xtra, Alsuper, Del Río o los Oxxo, y los demás no sobreviven”, comenta la socióloga Castillo.
“Antes había muchas tienditas caseras con las que la gente tenía un ingreso parcial, pero las tiendas de conveniencia, masivas, tipo Oxxo, han suplantado al mercado barrial, y con la crisis económica, la falta de empleo y la inseguridad se ha restringido el autoempleo con el que las familias complementaban el gasto”, comenta desde el IMIP la arquitecta García.
Hambre, inseguridad…
Los niños hacen fila para recoger los guisados que les sirven en el comedor Niños de Jesús, de la Parroquia San Vicente de Paul, en la periférica colonia Díaz Ordaz. El padre Omar Alejandro Gutiérrez García ha sorteado dificultades para alimentar a 200 infantes todos los días: “Nos ha afectado la cuestión de que muchos bienhechores dejaron la ciudad y ya no vienen a Juárez. Han desaparecido por su seguridad, o por sus propios gastos han bajado la despensa que nos proporcionaban. Esto nos ha llevado a buscar bienhechores nuevos, y son muchos más los que dan pocas cantidades”.
Algunas familias de desempleados del barrio llevan hasta cinco de sus hijos a desayunar y comer; él lo ha notado desde que las maquilas comenzaron a cerrar o a firmar convenios con los obreros, conforme a los cuales sólo trabajan algunos días de la semana y les pagan la mitad.
El hambre es el fósforo de la inseguridad. En la ciudad se registra una racha de secuestros y autosecuestros, extorsiones casa por casa y robos a casas o negocios. En la lógica del ciclo siniestro, algunas personas desesperadas por la falta de ingreso roban a otras.
Ni siquiera el desempleado a punto de la indigencia Salvador Brito Guerrero se ha salvado, aunque vive en la colonia Granjas Unidas, que fue edificada junto a una marranera y es una de las más miserables de la ciudad.
“Somos casi 200 familias sin trabajo, de aquí y de (la colonia) Los Aztecas. Lo único en lo que trabajamos es recolectando en las calles, y está duro, hay mucho desempleo y la basura no es de calidad. Juntamos nomás lo más básico cuando se puede, pero con la inseguridad está duro, no puede dejar nada afuera, todo se lo roban”, dice mientras expurga cables y fierros en el patio de su casa, buscando desechos que pudieran ser valiosos. A su lado se dedican a la misma tarea su esposa, un cuñado y su concuña embarazada.
“La otra vez llegamos y no encontramos ni refri ni estufa ni tele, todo se lo llevaron. Orita también el refri que nos habían prestado y el sartén eléctrico se lo llevaron”, lamenta este padre de tres hijos que, como sus vecinos, fue despedido por el ayuntamiento como recolector de basura.
En otro punto de la ciudad, en la colonia Mariano Escobedo, la señora Julieta Cristina Núñez García, de 28 años y madre de ocho, describe los trucos con los que intenta engañar al hambre desde que su esposo fue despedido en uno de los recortes de la maquiladora donde laboraba.
“A veces almorzamos hasta las 11 y luego comemos a las cuatro, y ya no volvemos a comer más”, refiere en la casa de su madre, donde está de paso para ver si hay frijoles o sopa que alcance para su prole.
Su hijo Carlos Eduardo, de nueve años, consiguió que lo aceptaran como barrendero en una panadería donde le regalan pan dulce. “Con eso la pasamos”. El otro no va a la secundaria, el dinero no alcanza para ese lujo.


Emergencia social
Los lazos de parentesco y comunitarios mantienen a las familias desempleadas a flote. Irma Lezama es una de las vecinas que, de vez en cuando, les comparte despensa.
Mientras recorre su barrio para dirigirse al comedor del padre Omar va mostrando las tiendas que permanecen cerradas al mediodía.
Abarrotes y Panadería San Luis muestra un triplay en lo que era la ventana, la fachada pintada de blanco y la puerta cerrada. Abarrotes Ivonne también cerró. Una ferretería de la que borraron el nombre de la fachada tiene ventanas y una puerta que impiden asomarse al interior. Licores La Pena exhibe rejas gruesas cerradas con candados. Ya abandonados están lo que fue la Panadería Dulce, el Video-Club Solares y Charlie’s Hair Salon. La iglesia Bethania presenta gruesas cadenas en la puerta.
El único tendero del barrio que mantiene el negocio cuenta, a través de la ventanita del local que tuvo que enrejar después de dos asaltos a mano armada, que los viernes de pago hasta los ‘cholos (pandilleros) con la pinta más ruda’ son asaltados al bajarse de los autobuses que los regresan a casa de las maquiladoras. “Sus mamás tienen que esperarlos en la avenida a la 1:00 de la mañana para escoltarlos”, refiere el hombre que pide el anonimato por miedo.
La señora Lezama alterna: “Si siguen de pie tres tiendas son muchas. Ahora te lo traes del centro o compras temprano, porque a las 7:00 no hay ni un alma. Ya ni farmacias abiertas hay. Si los niños tienen ganas de comprar algo, no hay dónde, y los adultos mayores que dejaron de recibir las despensas del municipio tienen que caminar más para adquirir artículos de primera necesidad o esperar a que alguien les haga la caridad de llevárselos. Y si a la familia le mataron un hijo, no salen; otras se han ido adonde sea”, cuenta preocupada.
El treintañero Manuel Guillermo Heredia Vega mata el tiempo afuera de lo que era una tienda de abarrotes mientras mira pasar los camiones ruteros. Es padre de cuatro y está desempleado. A las 5:00 de la mañana hizo fila a las puertas de una maquila con otros 60 desempleados para ver si contrataban a alguno. Aunque tiene reconocimientos del ayuntamiento y de sus empleos anteriores por no haber faltado nunca, no le han servido de nada.
“La situación ’tá muy triste. Desde noviembre me liquidaron de mi empresa, y he buscado tanto que la señora de la papelería se conmovió, me regaló un bloc de solicitudes, y he dejado en muchos lados: de chofer, maquila, carnicería, tiendas, refacciones, mesero, donde se pueda imaginar.”
Mientras camina hacia el comedor del padre Omar expresa: “No tenemos la luz, nos la cortaron, nos la estamos robando. Los niños sí están yendo a la escuela; hablé con el director y le pedí que me haga el paro para llevar la mitad de las cooperaciones. En comida, como vaya saliendo: A veces me dice mi suegra que váyanos para darnos algo. Pero a veces se puede, a veces no”.
Agrega que ha batallado porque no tiene los 75 pesos para pagar su carta de no antecedentes penales. Equivale a más de una comida.
“La inseguridad pega mucho, es de las claves para el desempleo. Antes uno llegaba a las tiendas a buscar trabajo; ahora no te abren por miedo. ¿Qué podemos hacer si los que nos deben dar seguridad no nos dan? Uno sale y no sabe si va a volver y sólo le pide a Dios que regrese en la noche a ver a su familia”, reflexiona antes de despedirse.
“La gente no se ha quedado sin comer porque es creativa y solidaria: van con la mamá, la suegra, la cuñada, el vecino, o si encuentran algún comedor como el de la parroquia”, apunta la terapeuta Dora Dávila, de la organización Sabic, vecina de la iglesia San Vicente de Paul.
Está preocupada porque sabe que los jóvenes desempleados son enganchados para el narcotráfico.
“Muchos chavos trabajan como sicarios, les pagan 500 a la semana y eso les da para comer, aunque tienen un promedio de vida de un año. Otros son los que cobran las cuotas, pero a esos los mandan matar. La otra alternativa era venta de droga, pero apenas les da para vivir: ni siquiera para hacerse ricos, sino para pagar deudas, mantenerse y comer”, advierte.
Para José Luis Flores la parálisis gubernamental es inconcebible: “El gobierno municipal ve el despido masivo pero no tiene una sola política para ayudar a la gente a que lleve a sus casas un sustento mínimo indispensable. No tiene ni una sola política. ¡Estamos en una pobreza nunca vista en la ciudad! ¿Cómo es posible que en una situación de hambre en las periferias no se piense en una política, aunque sea en comedores populares temporales?”.

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lunes, junio 27, 2011

Cherán, los pueblos indígenas y la desmilitarización

Salvador Campanur Sánchez.
Testimonio presentado el 23 de junio de 2011, en el encuentro del Movimiento por la Paz con Justicia y  Dignidad y el gobierno federal.

Soy Salvador Campanur Sánchez, pertenezco al pueblo indigena purépecha de Cherán, Michoacán, no tomo la palabra para hablar sólo por mi pueblo, sino por todos mis herman@s. Somos una voz de los pueblos, naciones y tribus indígenas de nuestro país que nos hemos encontrado en el camino de este Movimiento por la Paz y la Justicia con Dignidad.
Tenemos diferentes lenguas e identidades, compartimos los agravios: el despojo, el saqueo y la destrucción de nuestro territorio; la negación de nuestra identidad y la violencia sistemática de gobernantes, empresas rapaces y criminales. A nosotros nos agreden las autoridades que desconocen nuestro derecho a la autonomía y libre determinación, criminalizan nuestras luchas, roban nuestras riquezas y aplican una política nacional de exterminio contra nosotros. La agresión del Estado y sus cuerpos represivos se suma a la violencia impune de grupos paramilitares y de una criminalidad que cuenta siempre con el cobijo de las autoridades y la impunidad del sistema de justicia.
Nosotros reafirmamos los acuerdos de San Andrés como el punto de partida para el desarrollo digno de los pueblos originarios de méxico; ustedes, quienes dicen gobernar, además de faltar a la palabra empeñada, se han propuesto legislar en nuestra contra y han reformado la Constitución con el único interés de negarnos como sujetos de derecho público, para que nuestras riquezas pasen a las empresas privadas y trasnacionales.
Nosotros cuidamos los bosques y ustedes protegen a los talamontes; mientras nosotros cuidamos la madre tierra, ustedes abren el camino a las mineras trasnacionales que destruyen los montes y envenenan el agua, como sucede ahora mismo en San Luis Potosí, Durango y Guerrero, entre otros estados; con esto destruyen el futuro de nuestros hijos.
Los efectos de la devastación ecológica y el cambio climático son resposabilidad de ustedes, el resultado de estas políticas que han impulsado se traduce en el exterminio de pueblos y abre el camino a la migración, a la destrucción del tejido social; las instituciones y sus programas de dominacion generan el enfrentamiento entre pueblos, naciones y tribus.
En esta guerra injusta, nosotros, como pueblos indígenas, no sólo somos víctimas de la delincuencia organizada sino también de la violencia institucional del Estado mexicano, quien no reconoce nuestros derechos ancestrales y nuestras formas de organización. Por ello exigimos el reconocimiento constitucional de todos nuestros derechos y el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés.
Cuando una comunidad indígena se enfrenta al crimen organizado nos topamos con la complicidad del gobierno y no encontramos protección para nuestros herman@s que valientemente han decidido denunciar ante las autoridades a estos criminales, pues no existe en el sistema de justicia un mecanismo concreto para proteger a las personas que denunciamos.
El gobierno también ejerce una forma de violencia cuando criminaliza nuestros sistemas de autodefensa y persigue a nuestros herman@s como si fueran delincuentes, sin considerar que esa forma de organización es una costumbre ancestral que hoy más que nunca toma vigencia ante la ausencia de protección y seguridad por parte del Estado mexicano. Por ello exigimos el reconocimiento de nuestros sistemas de autodefensa y de nuestras guaradias comunitarias.
Una violencia específica que sufrimos los pueblos indígenas es la que ejercen los grupos paramilitares que, a diferencia de la delincuencia organizada, son financiados, fomentados y protegidos por las autoridades. Por ello exigimos la desarticulación, el desarme y la desmovilización de todos los grupos paramilitares que existen en nuestro país y particularmente en nuestros territorios.


Ante todo esto exigimos como una muestra mínima de que ha escuchado nuestra voz:
1. Cumplimiento de los acuerdos suscritos entre las autoridades federales y la comunidad indígena de Cherán en materia de protección y justicia para desmantelar a los grupos criminales que la acechan.
2. Cumplimiento del Pacto Haurra Manaka, firmado en el año 2008 para la preservación de los lugares sagrados del pueblo wirrárika, y cancelación de las 22 concesiones otorgadas a la minera Ferst Majestic Silver en Wirikuta.
3. Garantizar el derecho al agua de los pueblos y comunidades indígenas del estado de Morelos y el respeto absoluto del territorio y los recursos naturales de los 13 pueblos que se surten de los manantiales Chihuahuita, El Salto, El Zapote y Santa Rosa, y esclarecimiento de los asesinatos de los indígenas morelenses Miguel Ángel Pérez Cazales y Rubén Flores, de las comunidades de Santa Catarina y Coajomulco.
4. Esclarecimiento del asesinato de nuestra hermana Bety Cariño y nuestro hermano Jyri Jaakkola, defensores de derechos humanos asesinados en la caravana humanitaria del 27 de abril de 2010 en San Juan Copala, y desmantelamiento y castigo del grupo paramilitar Ubisort.
5. Cumplimiento de las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de Inés Fernández y Valentina Rosendo, hermanas indígenas violadas por militares.
6. Basta de agresiones y hostigamientos a la comunidad de Ostula, Michoacan, y a las comunidades zapatistas.

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viernes, junio 24, 2011

Una dictadura selectiva

Hermann Bellinghausen, La Jornada, 20 junio 2011.


No se trata de hacerle a México la fama, que no merece, de tener dictaduras perfectas, como acuñara en 1990 un protagonista del auge novelístico latinoamericano (y hasta sus amigos lo contradijeron), pero no queda sino reconocer que padecemos hoy una dictadura de nuevo tipo, la cual puede llegar a no parecerlo para sectores amplios, sensibles, influyentes. Una dictadura donde se pueden escribir artículos y reportajes denunciándola sin caer en prisión porque, queremos convencernos, hay una cierta democracia; imperfecta, transitiva, en construcción, lo que sea, pero nos aferramos a la creencia.

Hombre, hay un abanico de partidos políticos de izquierda, centro y derecha, chile verde y manteca de la maestra; elecciones com-pe-ti-ti-vas con reglas, presupuesto y un acceso a los medios que consume buena parte del presupuesto. Los protagonistas se pueden dar con la cubeta y terminar del brazo celebrando sus travesuras en el Congreso, el IFE, los palacios de gobierno. Los candidatos a candidato de todas las fuerzas partidarias se dan baños de multitud y los granaderos no los gasean por más vitriólicos que sean sus discursos opositores. No dirían lo mismo las resistencias indígenas, pero bueno.
Hay una capa, no pequeña y bastante operativa, de lo que podríamos denominar intelectuales-artistas-escritores-científicos-intérpretes. La pasan aceptablemente bien. Lo suficiente para escribir sobre la felicidad doméstica o elaborar temas abstractos, investigación empírica, nostalgias deliciosas, sin reparar en el régimen autoritario, corrupto y de excepción bajo cuyo alero publican, filman, montan, son premiados y estimulados. La estimulación material no alcanza para todos, pero entre los que la obtienen y los que aspiran se junta un buen número de gente creando o investigando sin más cortapisa que sus propias mediocridades. Y si a algunos les entra conciencia, se alocan y se ponen a denunciar y marchar, pues muy su gusto. Por burlarte del sistema, desdeñarlo o caricaturizarlo nadie te molesta. Nada de aquellos desaparecidos del Cono Sur, la Europa nazi, la Europa soviética, el Egipto de Mubarak. Nada de cortarle las manos al trovador o torturar poetas. Nuestros 12 millones de exilados son económicos, tuvieron la libertad de irse, ¿no?
Existe registro de unas clases medias nos dicen que numerosas, una masa crítica de consumidores, una audiencia de millones para el entretenimiento electrónico. Y como cereza de tantas libertades, una casta de más de un millón de felices millonarios. Quizá todos sospechen que esto es frágil, que puede salirse de madre, o venir otro golpe de mano del poder invocando el orden, ya que no por la unidad, sí por la seguridad nacional. ¿También vendrán por nosotros? Como diría una avestruz, no es cool pensar en eso.
Democracia y libertad de expresión coexisten con cárceles a reventar (funerarias, servicios de urgencias). No es dictadura, pero los policías (soldados, marinos) pueden manosearte los chones al abordar el micro, detenerte en cualquier metro cuadrado del país, encañonarte, interrogarte, bajarte, maltratarte. Meterse en tu casa, sembrarte y cosechar, sólo porque vives en el barrio equivocado. Intervenir tu teléfono.
Entre muertos que aparecen y vivos que desaparecen, ostentamos cifras escalofriantes, fama y récord ya mundiales. Decenas de miles de víctimas. Centenas de miles de hijos, hermanos, esposas, madres y padres que penan en las comisarías y reciben burlas, amenazas de también investigarlos, portazos. Se ha perdido el derecho a la presunción de inocencia, así que ni le muevan.
Crecen las evidencias, que se filtran bajo el maquillaje y lo traicionan, de que operan escuadrones de la muerte. En nombre de la gente de bien se oferta la limpieza social. Los falsos positivos engordan deliberadamente la cuenta de cuerpos. Si hay guerra (no, combate; no, lucha), es para proteger nuestra seguridad y las libertades citadas arriba.
Nadie niega que bandas organizadas de criminales establecieron formas de control territorial, tributario y emocional, y juegan a la masacre con estúpido frenesí. Significan otra tiranía, que paradójicamente les funciona de pelos a quienes administran su persecución. Personeros y socios de estas bandas gozan de visibilidad legal en partidos, industrias, bancos, monopolios del espectáculo, más libres que Paris Hilton para pasearse en el yate indicado. La impunidad en México es buena para los negocios.
¿Hay una guerra allá afuera? Que siga la fiesta. Según la propaganda todos somos de clase media. Y pareciera dominar la cobardía social que retrató Bertolt Brecht en su poesía después de 1930.
Por debajo de esas líneas de flotación, millones de mexicanos viven en condiciones, sí, dictatoriales. Aunque cambiemos el nombre. Si vinieron por el vecino, en algo andaría. Si le robaron la hija, pues mala pata. Si identificaron sus huesos, menos mal, tendrá entierro como Dios manda, los hay que ni eso.

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martes, junio 21, 2011

La tragedia griega

José Blanco, La Jornada, 21 junio 2011.
Ya no están Tespis, Esquilo, Sófocles o Eurípides para mostrarnos la tragedia griega. Grecia es hoy un país al borde del abismo, pero el abismo es la orilla de un territorio que abarca a todas las naciones: la tragedia las abarca a todas.
Esos trágicos inmortales dirigieron su atención hacia el mundo interior de los hombres, buscando lo intrínsecamente humano narrando sus aventuras, en las que exploraron los abismos y vericuetos de lo que ellos llamaban alma. Aristóteles postuló que la tragedia, mediante la piedad o el horror era capaz de lograr que el alma se elevara y se purificara de sus pasiones.
Ese proceso, denominado catarsis, es la purificación interior que logra el espectador a la vista de las miserias humanas. El fondo común de lo trágico será la lucha contra un destino inexorable, que domina la vida de los mortales; y el conflicto que se abre entre el hombre, el poder, las pasiones y los dioses.
Sus temas, son sin duda grandilocuentes y, aunque no han perdido vigencia, adoptan en nuestros días significados tan desconcertantes que llevaron a Paul Tabori a escribir La historia de la estupidez humana.
Las primeras palabras de la Introducción de La historia... de Tabori, dicen: “Este libro trata de la estupidez, la tontería; la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales; los mentecatos, los novatos y los que chochean; los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy. Describirá y analizará hechos irracionales, insensatos, absurdos, tontos, mal concebidos, imbéciles... y por ahí adelante. ¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Tesauro de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la estupidez, mientras la palabra sensatez apenas ocupa una?”
Hay que decir a Tabori que el poder económico, político, militar, está densamente poblado por el elenco que refiere, y que el pilar sobre el que se mantiene ese poder es el interés del dinero, del capital, que todo lo embrutece. Pero aún embrutecido, no deja de ser poder.
Nunca en la historia el frenesí, la vehemencia, por la posesión individualista de la tecnología y por el consumismo alcanzaron la estúpida sinrazón de preferir sin ningún género de dudas tal posesión, al precio del calentamiento global, del agotamiento del planeta. Baste recordar, como ejemplo, que en 1992, en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, convocada para encontrar los medios de velar por los temas medioambientales, Bush padre obsequió al mundo esta imborrable perla para la historia de la estupidez humana, al decir: Nuestro estilo de vida no es negociable.
En 1928 Mahatma Gandhi, un ser fuera del mundo del mercado que produce la estupidez referida, dijo Dios nos libre de que algún día India siga el ejemplo de la industrialización occidental: intuía sin duda que si el mundo se dejaba llevar por la explotación enajenada de los recursos naturales, la humanidad terminaría esclavizada y con un mundo desprovisto de los recursos naturales como si lo hubiera devorado un enjambre de langostas.
A última hora de pasado 18 de junio Alemania y el Banco Central Europeo llegaron a un acuerdo, y aprobaron un segundo rescate para Grecia. Alemania decía estar definitivamente contra un nuevo rescate para Grecia cuya impericia para la administración pública es proverbial, según la señora Merkel. Este rescate fue detenido ayer lunes, sin duda sólo para volverlo más draconiano para los griegos, sin que ello suponga, a menos a mediano plazo, una vía de salida para su tragedia.
La teoría de los rescates dice que es preciso recobrar la confianza del consumidor, para lo cual es necesario salvar a los bancos alemanes y franceses que, en gran parte, en ello consiste la inmensa deuda soberana de Grecia. No importa que hayan pasado varias décadas que han probado que la tal confianza no se restablece por esa vía.
Lo llamativo es que, con los rescates a Grecia mediante los cuales otros países europeos piden prestado dinero para prestárselo a Grecia, la UE se aproxima a una especie de Estado que emite bonos europeos, ya que poco a poco los demás países acaban asumiendo los riesgos de Grecia. Todos son Grecia.
Y los estados nacionales europeos han confesado finalmente que quien manda son los banqueros y no el poder político, al emitir un boletín que dice la Unión Europea tendrá que pactar con las principales agencias de calificación –Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch– la restructuración suave y voluntaria de la deuda griega, para evitar que su calificación siga cayendo escaleras abajo y que alguna de esas tres firmas considere que la salida pactada es, en realidad, una suspensión de pagos y provoque otro terremoto financiero.
Entretanto, si nada cambia, Estados Unidos, la UE, y ahora que China empieza a acercárseles, se aproximan juntos a otro tsunami financiero.

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lunes, junio 20, 2011

Desde el Campo Militar No. 1. Hablan los soldados presos

Gloria Leticia Díaz. Proceso. número 1804, 29 mayo 2011.
Su nombre hacía temblar a los luchadores de la izquierda en los años setenta y ochenta... En torno a la prisión del Campo Militar Número 1, emblema de la represión ilegal de Estado, se tejieron historias siniestras: que desde ahí el Ejército se deshacía de los "problemas" del gobierno en turno, que era un auténtico hoyo negro del que pocos salían vivos...
Durante varios meses, la reportera Gloria Leticia Díaz, como parte de una investigación periodística, logró franquear los muros de esa cárcel, que se creía inexpugnable, y entrevistar a soldados y oficiales presos, de cuyo testimonio se desprende que la sórdida instalación castrense mantiene su vocación torturadora y represiva. En este reporte especial ofrecemos las historias de quienes han comprobado que la maquinaria negra del régimen continúa vigente...
Lugar de torturas y encierro de estudiantes, sindicalistas y luchadores sociales; de campesinos "sospechosos" de simpatizar con la guerrilla; de militantes de organizaciones armadas clandestinas y hasta de ciudadanos inocentes -muchos de ellos incluidos en las listas de desaparecidos políticos del país-, la del Campo Militar Número 1 se consideraba en los años setenta y ochenta la prisión clandestina más grande y siniestra de México.
Una investigación periodística realizada durante varios meses por Proceso en las entrañas de esa cárcel, considerada inexpugnable, permite sostener que los motivos de su negra fama permanecen tan vigentes como entonces.
Inaugurada en el sexenio de Adolfo López Mateos y destinada supuestamente al confinamiento de militares que incurrieran en delitos, durante la guerra sucia y el movimiento estudiantil de 1968 se convirtió en el punto de origen de las desapariciones de opositores al régimen.
En abril de 1988, la publicación en este semanario de una serie de revelaciones hechas por un desertor del Ejército permitió confirmar las atrocidades que solían cometerse en el Campo Militar Número 1, siempre desmentidas por autoridades civiles y militares que señalaban que eran meras leyendas inventadas por los enemigos de la nación.
En la publicación referida, el paracaidista Zacarías Osorio Cruz, quien solicitó y logró obtener refugio político en Canadá, reveló que entre 1978 (cuando se dio de alta en las Fuerzas Armadas) y 1983 (cuando desertó) participó en acciones en las que decenas de civiles recluidos en la prisión del Campo Militar Número 1 fueron ejecutados.
El exmilitar dijo que había tomado parte en unos 15 ó 20 operativos ordenados por el general José Hernández Toledo, consistentes en sacar de esa prisión a grupos de entre cinco y siete presos civiles y trasladarlos a un polígono de tiro del Ejército en el Estado de México, en San Juan Teotihuacán, en el que, sin más, eran ejecutados.
Estas declaraciones las expuso Osorio Cruz en una audiencia efectuada en Montreal el 14 de marzo de 1988 para revisar su solicitud de refugio político (Proceso 598).
Las mismas historias
Según pudo constatar este semanario a lo largo de una investigación periodística que duró varios meses, los testimonios que refieren torturas y encarcelamientos bajo sospecha de ilegalidad en la prisión militar se repiten hoy como hace 30 o 40 años, ahora en perjuicio de soldados que participaron en la guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico.
En pláticas y confidencias de los familiares de algunos presos con la reportera de Proceso, surgió la idea de invitarla para que visitara a los reos y conociera de primera mano sus casos. Uno de los internos -cuyo nombre se reserva a petición suya para evitar represalias- accedió a recibirla como "visita" y la puso en contacto con numerosos militares dispuestos a rendir sus testimonios.
La reportera ingresaba a la cárcel los días de visita -jueves y sábados-, momentos que dedicó a realizar las entrevistas con quienes decidieron dar su versión acerca de la guerra contra el crimen organizado.
Son oficiales que estuvieron al frente de operativos de combate al narcotráfico y están convencidos de que, por encima de la lealtad que le deben al Ejército, está su derecho a la libre expresión y el de los ciudadanos a estar informados.
Las charlas con esos soldados tuvieron lugar en los jardines de la cárcel y su contenido se registró en notas a lápiz, pues está prohibido meter equipos de grabación o de telefonía.
En las conversaciones se tomó nota de la inconformidad de las tropas por estar obligadas a salir a las calles a combatir a narcotraficantes, sabedores de que la Constitución no los faculta para esa tarea y porque, aseguran, no tienen el equipo ni el armamento adecuados.
Hubo la oportunidad de entrevistar a oficiales. Algunos de ellos expresaron su frustración y su convicción de que fueron traicionados por la institución castrense.
Los procesados por supuestos vínculos con el narcotráfico afirman ser chivos expiatorios; quienes enfrentan cargos por asesinar a civiles consideran que su encarcelamiento es una estrategia mediática para contener las críticas de las organizaciones que exigen castigo a los soldados homicidas.
Los militares que aceptaron hablar con este semanario sobre su experiencia en la guerra contra el narcotráfico pusieron una sola condición: que no se publicaran sus nombres. La petición no es gratuita. Su vida está en manos del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Guillermo Galván Galván. Además, aseguran, grupos de soldados han sacado de las celdas a prisioneros para torturarlos o desaparecerlos.
Más de uno expresó su temor por ellos y por sus familiares o amigos, de quienes la Sedena tiene todos los datos: acta de nacimiento, identificación oficial, dirección, teléfono, y en algunos casos hasta croquis con indicaciones claras para llegar a sus domicilios.
Lo menos que a los internos se les puede imponer como castigo, afirman, es recluirlos en "las negras" -celdas donde permanecen aislados largo tiempo-, prohibirles la visita conyugal o maltratar a sus mujeres e hijos en la revisión para ingresar a la prisión.
Quienes accedieron a que sus nombres se publicaran -los oficiales Freddy Colorado Montejo, Julián Hernández Hernández y Eladio Arriaga Pérez- lo hicieron para dar a conocer sus procesos jurídicos y para denunciar abusos y anomalías.
Dos de ellos, Colorado y Hernández -acusados de tener vínculos con el narcotráfico-, fueron trasladados al Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) Villa Aldama, en Perote, Veracruz, la madrugada del pasado 28 de abril, junto con otros 50 reos procesados por los mismos cargos, ante cuyas familias no se ha justificado la reubicación. Varios de los trasladados habían dado su testimonio anónimo a Proceso.
Todos los entrevistados solicitaron que se publicara la siguiente advertencia: responsabilizan al titular de la Sedena y a los encargados de la prisión militar y del Cefereso de Perote de cualquier atentado que pueda haber contra su vida o la de sus familias.
Por ese irregular traslado, familiares de algunos de los procesados interpusieron una denuncia ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
No es la primera queja que se presenta ante ese organismo por presuntas violaciones a derechos humanos de los militares. La CNDH informa que de 2008 a abril de 2011, 99 soldados y sus familias han interpuesto quejas por tortura o detenciones ilegales, entre otros agravios, contra miembros de la Sedena.
Filtros, filtros y más filtros...
Para encontrarse con los presos, desde el registro en la puerta 7 del Campo Militar Número 1 hay que pasar cinco puestos de revisión. Seis, si se llevan alimentos.
No todos los soldados reciben visitas. Muchos son de otras entidades y sus familiares no tienen los recursos suficientes para viajar al Distrito Federal.
Al trasponer las puertas de esta prisión, resguardada por altos muros de piedra vigilados desde torretas por guardias con armas de alto poder, hay que abordar un camión.
En ese transporte las esposas de los presos platican y se cuentan sus apuros. En la mayoría de los casos los soldados encarcelados eran el único sostén de sus casas, y ahora, por lo que establece el reglamento castrense, sus haberes se reducen: un teniente que ganaba 15 mil pesos al mes ahora sólo recibe mil; un cabo que percibía 6 mil mensuales ahora sólo gana 600.
A fuerza de verse durante ese trayecto, las familias acaban estableciendo lazos amistosos. Comparten angustias por las lesiones que, aseguran, tienen sus maridos tras las sesiones de tortura a que los sometieron para que aceptaran su responsabilidad en los delitos de los que se les acusa.
Al llegar al estacionamiento de la prisión se anotan los nombres de las visitas y se recogen las identificaciones. Después se pasa por un detector de metales. Por último, los visitantes son sometidos a una revisión corporal en busca de sustancias o artículos prohibidos que podrían ocultarse entre la ropa interior. A los guardias les preocupa especialmente que entren chips de celular, memorias usb, teléfonos, grabadoras o cámaras.
Para meter libros o revistas el interno debe hacer una solicitud a la dirección de la cárcel, instancia que analiza si el contenido es apto para los internos.
Si se lleva comida hay que pasar otro filtro. Con una misma cuchara que se usa una y otra vez y sólo se limpia con servilletas, los soldados revuelven los alimentos en busca de objetos prohibidos.
Una vez pasadas esas revisiones se cruza un camino flanqueado con malla ciclónica hasta llegar a los jardines donde los reos -vestidos con uniformes tipo militar pero de color azul añil- reciben a las visitas. La ocasión es ambientada con música instrumental, interrumpida de vez en cuando por el voceo a los presos para que se presenten a la puerta de ingreso a recibir a sus visitantes.
Aunque todos tienen los mismos uniformes azules, las insignias se conservan en hombreras y gorras. Aquí, el respeto a los rangos superiores debe mantenerse.
Aparentemente las instalaciones están bien cuidadas. El mantenimiento corre a cargo de internos que purgan penas por deserción; ellos deben llevar distintivos blancos en la ropa y no pueden hablar con los procesados o sentenciados por otros delitos.
Los desertores se levantan a las tres de la mañana todos los días y no dejan de trabajar sino hasta las ocho de la noche, cuando se cierra la treintena de dormitorios o cuadras, cada una de las cuales aloja un promedio de 50 hombres.
En los jardines hay juegos para los hijos de los soldados. También una pequeña tienda o "casino" donde se vende todo lo que los visitantes no pueden llevar: pan, gelatina, arroz, tamales, pasteles, frituras, dulces... productos que se llegan a vender hasta tres veces más caros que en cualquier tienda de la ciudad.
Los presos calculan que cada mes ingresan al casino alrededor de 80 mil pesos, dinero que por reglamento debe invertirse en el mantenimiento del penal. Pero aseguran que buena parte de esas ganancias va al bolsillo del director de la cárcel.
Como en todas las prisiones, la principal queja de los internos tiene que ver con la comida. Dicen que es tan mala que un día, después de comer, 90 de ellos tuvieron que ir a la enfermería con severas molestias estomacales.
Cifras carcelarias
En respuesta a una solicitud de información de Proceso, el pasado 30 de marzo la Sedena informó sobre los ingresos a la prisión del Campo Militar Número 1, clasificados por grados y delitos o faltas, de 2007 a los primeros meses de 2011.
El oficio de respuesta, con el número 1425 y firmado por el encargado de la Unidad de Enlace de la Sedena, general Julio Álvarez Arellano, hace evidente el crecimiento de ingresos por delitos relacionados con la guerra contra el narco.
Mientras que en 2007 fueron recluidos tres militares y en 2008 sólo dos acusados por delitos contra la salud, en 2009 la cifra se disparó a 28. En 2010 fueron 10 y uno más por "delincuencia organizada agravada", mientras que en los primeros meses de 2011 la prisión militar registró 20 ingresos por esos delitos. En suma, 64 militares procesados presuntamente por colaborar con narcotraficantes.
El reporte señala que por esos delitos se procesa a un coronel, dos tenientes coroneles, un mayor, cuatro capitanes, 16 tenientes, 8 subtenientes, 17 sargentos, 11 cabos y cuatro soldados rasos.
Esa cifra cambió el 28 de abril cuando, en los primeros minutos del día, 52 de los procesados por delitos contra la salud fueron trasladados al penal de máxima seguridad de Perote.
Hasta el cierre de esta edición, los familiares de los presos no tenían información acerca de los motivos del traslado y pidieron la intervención de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
Ni siquiera los jueces militares que llevan las causas de esos internos conocieron los motivos de la transferencia. Un oficio firmado por el director del penal, el general Carlos Murguía Alonso, informa que por órdenes de "DN-12", a las 5:30 horas del 28 de abril se trasladó a los presos.
DN-12, se enterarían los familiares después, es la clave interna para identificar a la Procuraduría de Justicia Militar.

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